TAMBORES BATA

Los tambores batá son una familia de tres tambores consagrados: Iyá, tambor grande; Itótele, tambor mediano, y Okónkolo, tambor chico. Son tallados de madera.El parche usado en cada tambor es de la piel del chivo o venado. La cabeza chica se llama la chacha y la grande es la enu o boca. De vez en cuando se le ponen cascabeles o chaguoro y se forran con telas decorativas.En Cuba, los batás sagrados son tocados en todas las ceremonias que corresponden a la Religión Yoruba.

Los tambores sagrados tienen sus secretos y ritos sobre su construcción, quien puede tocar, como tocarlos, y como cuidarlos. Estos tambores son tratados como seres vivos con nombres, y sentimientos. Una persona no consagrada no puede tocar los tambores batá. Los tambores no pueden tocar el piso.

Los tambores batá y su música han sobrevivido más de 500 años, viajando desde Nigeria a Cuba y después a los EE.UU. Su historia es un testimonio del poder y la profundidad de la religión y la cultura yoruba. En contar la historia del bate necesitaríamos hablar de la religión y la cultura porque el bate no es solo un instrumento musical ni su música es solo música.

Llegaron los esclavos de Nigeria y 275,000 yorubas fueron traídos a Cuba, durante los años 1820-1860. Los yorubas trajeron sus creencias religiosas que evolucionaron en lo que hoy se conoce como Santería o Regla de Osha en Cuba. Alrededor de 1830, el primer batá con añá (batá sagrado) fue hecho en Cuba. En el 1951, existían 15 a 25 juegos de batá de fundamento.La

Santería, o la Regla de Osha, es una religión desarrollada en Cuba basada en la religión de los yorubas y con influencias de otros grupos étnicos africanos. El bate es instrumental en la práctica de esta religión y ha llegado de Cuba a los EE.UU. especialmente a Miami, Nueva York, LA y San Francisco.

La religión reconoce a Dios creador, además varias deidades que representan las fuerzas de la naturaleza o emociones. Estas deidades incluyen Elegua, Oggun, Shango, Yemaya y otros.Los tambores batá pueden hablar. No en el sentido metafórico pero se usan para poder hablar el idioma yoruba y se usan tradicionalmente para rezar y cantar poesías.

Los tambores batidos fueron tocados en público por primera vez entre los años 1935-36. Fernando Ortiz organizó el toque de batá como música folklórica para el público. Anteriormente, los tambores solos eran tocados en ceremonias privadaS.

Los tambores batá, un acercamiento a sus orígenes. El complejo religioso Osha-Ifá, Regla de Ocha o simplemente Osha practicado en Cuba bajo el nombre de santería es la forma de religiosidad popular más extendido en el país. Esta religión hunde sus raíces en ancestrales tradiciones oriundas del terriotrio nigeriano traídas por cientos de millas de hombres a veces trata la esclavista en América. Los aportes culturales de los grupos étnicos provenientes del área localizada en el margen oeste del río Níger se identifican en Cuba bajo la denominación metaétnica de lucumí, término originado de la vinculación del tráfico de esclavos con la jefatura costera de Ulkami o Ulkumi desde donde eran embarcados los africanos En este heterógeneo conglomerado humano resultaron específicos los pueblos yoruba.

La presencia del africano en la composición étnica del pueblo cubano data de los albores del siglo XVI, pero se hizo más notable a partir del incremento de la producción de azúcar en los largos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Los africanos y su descendencia devinieron el eje de las relaciones económicas de la colonia e importantes eslabones en la cadena de aportaciones sociales y culturales. Las faenas agropecuarias y la plantación azucarera, desarrollo mayor en occidente cubano, contribuyeron a una concentración significativa de la población derivada de África en las zonas rurales de la región. Es por ello por lo que las actuales provincias de Ciudad de La Habana,

La Habana y Matanzas son las áreas por excelencia de irradiación hacia otras regiones del país de la práctica de la santería.Durante la colonia en el ámbito urbano se creará en los cabildos y cofradías que agruparon a africanos –libres y esclavos– provenientes de una misma comunidad étnica o «nación». Estas asociaciones fueron concebidas por la metrópoli española con el fin de ejercer un control mayor sobre la población de negros y mulatos a la vez que perseguían establecer mecanismos de deculturación que impiden la cohesión interétnica.

Sin embargo, pese a los objetivos del poder colonial, los cabildos desempeñan un papel importante en la reconstrucción e integración al medio cubano de los valores culturales propios de los diferentes grupos de africanos llegados a Cuba. Con la abolición de la esclavitud, en 1886, algunos cabildos se convirtieron en sociedades y cambiaron su organización de reyes y reinas por la de presidentes y presidentas con el fin de tratar de borrar el pasado esclavista.

Todavía pueden encontrar unos pocos en diversas provincias cubanas como muestras de diversas instituciones.La reconocida continuidad cultural del africano en América se puso de manifiesto en diversas formas de comunicación como la música, la danza, el lenguaje y los objetos vinculados a las artes plásticas. Sin embargo no existen dudas de la mayor persistencia de todos estos comportamientos se hace más evidente en las expresiones de religiosidad popular.

La rica mitología del panteón yoruba y el culto a los orishas (deidades o dioses), al insertarse en el medio cubano, adoptaron nuevos caracteres como resultado del sincretismo operado entre las deidades africanas y los santos de la religión católica. Un interesante y sugerente proceso de semejanza y equipación se procesó entre leyendas y atributos de Elegua, Oshosi, Oggun, Shango, Yemaya, Obatala, Oya, Oshun y Babalú Ayé y El Niño de Atocha, San Norberto, San Pedro, Santa Bárbara, la Virgen de Regla, la Candelaria, la Caridad del Cobre y San Lázaro, respectivamente.

Orishas-santos a los que con preferencia se les rinde culto en Cuba con un criterio de constantes intercambios entre una y otra religión. La amplia gama de objetos materiales y elementos espirituales, participantes en el complejo ritual-festivo de la santería, denotan la importancia de los aportes africanos y el dinamismo con que se producen la interacción con otros componentes étnicos europeos –en especial hispánicos– y de diversos territorios de África Occidental.

El recinto que abrigó a los antiguos cabildos y sociedades de africanos y su descendencia cubana y las casas-templos –viviendas de los propios creyentes– son los lugares donde se muestra el culto respetuoso a los orishas, ​​a los que ha de alegrarse y satisfacer. Al traspasar el umbral de una casa-templo (ilé-osha), puede observar la representación sobre el altar de los santos católicos junto con variados ornamentos como búcaros de flores, velas u otros objetos. En otra habitación suelen encontrar los destinatarios donde residen las deidades africanas representadas en piedras (otá) de diferente material, forma, color y número en correspondencia con las particularidades de cada orisha.

Algunos de estos destinatarios se sitúan dentro de un pequeño armario o escaparate identificado canastillero y otros en diferentes sitios de la casa según las especificaciones mágicas y simbólicas de la deidad. El igbodú es el cuarto donde se hallan las representaciones de los orishas, ​​nombre que distingue también a otro recinto donde se efectúan los sacrificios de animales y se celebran las ceremonias de iniciación o asiento (León, 1974: 39).

La presentación de nuevos iniciados (iyawo), por parte de sus padrinos (babalosha) y madrinas (iyalosha), la conmemoración de la fecha de iniciación –llamada diseñada «cumpleaños de santo» -, las ofrendas a la deidad principal de la casa , un tributo pedido por el orisha y ceremonias funerarias pueden ser ocasiones para «celebrar un toque» o para «dar un tambor»;La música ritual y ritual-festiva participante en la santería cubana guarda diferentes grados de similitud y afinidad con la de los pueblos de origen.

Es así como la conservación de modelos constructivos e interpretativos de los instrumentos de música, los toques, los cantos y la lengua en ellos empleada, así como la danza han permitido identificar su procedencia yoruba, aunque sin duda alguna se reconocerá hoy día como parte indiscutible y caracterizadora de la cultura cubana.

La mayor heterogeneidad tipológica en lo concerniente a conjuntos instrumentales se encuentra entre las agrupaciones que acompañan los cantos y bailes de la santería, así como la persistencia de un número notable de cantos que aluden a las divinidades y su compleja mitología. Entre estos conjuntos de instrumentos han de citarse los tambores batá; los güiros, abwe o chequeré; y los tambores de bembé como los más extendidos en el territorio. De ellos los tambores batá son los instrumentos de mayor sacralidad.

Los tambores batá son tres membranófonos de golpe directo con caja de madera en forma clepsírica o de reloj de arena.

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